Algunos fragmentos nihilistas

Acecho a través de las sombras delas ciudades al igual que un animal atormentado, rabioso y con sed de sangre. Veo a mi alrededor y en todas partes veo a las masas pululando, arrastrándose hacia atrás y hacia adelante a lo largo de su marcha pretederminada a través del circuito de la necrópolis-urbana.

Pasando rutinariamente por el mundo debajo de sus pies coo ratas de laboratorio lobotomizadas, atrapadas en una rueda. Todos ellos aferrados a sus “smartphones”, regocijándose en el brillo repulsivo de las pantallas con cables saliendo de sus cráneos, y expresiones ausentes entrampadas sobre su estúpidas caras.

Ellos balbucean mierda mundana e insignificante en los micrófonos durante todo el día, uniéndose en la fila para sacarse una “selfie” junto a este o aquel asqueroso monumento o edificio. El hedor de su perfume me causa nauseas. Observo sus figuras retorcidas e hinchadas, sus cuerpos desfigurados por todos los años de subordinación voluntariosa, estas exposiciones grotescas y macabras de una entidad biológica absurda y fallida, de quien su mente débil y domesticada se pone en manifiesto el espíritu endiosado del “Humano”. Este es el altar antropogéneo sobre el cual todos los Egos deben ser sacrificados, sobre el cual yacen todos los ídolos nacidos de la repugnante Moralidad Cristiana, y de forma más prominente hoy en día, las agusanadas ideologías del humanismo y el progresismo junto a su civilización bastarda.

Escupo sobre todos estos asquerosos parásitos, quienes con cada acción que constituye la totalidad de su despreciable existencia solo condenan a mayor desolación a todo aquello que es salvaje en esta Tierra, quienes en un patético coro alzan sus chillonas voces para defender este destrozado reino de degeneración decadente. Escupo sobre todos sus altares e ídolos, su moral y sus valores. Mi risa sarcástica hará eco eternamente a lo largo de los pasillos tambaleantes de sus utopías. Las piras de mi iconoclasta voluntad odiosa quemarán luminosamente cuando la luna se esconda y reine la oscuridad.

El rechazo y el desprecio llena mi corazón al punto de reventar. Grito por dentro, todo mi ser rompe en lágrimas en salvaje ferocidad. Lo salvaje me llama desde adentro, grita a través de mí, clama por venganza y yo atiendo al llamado con fervor. El curso misantrópico del terrorismo nihilista es mi arma a elección en los templos del Hombre y su Progreso, es el cáncer propagando el miedo en las sombras de los territorios urbanos, la hierba venenosa que esparce su podredumbre buscando nutrirse en la tierra húmeda y fría.

Todos y cada uno de estos esclavos hiper-civilizados no merecen nada más que una muerte agonizante, estos cadáveres andantes por quienes el mundo es convertido en un estéril basurero de modernidad y artificialidad. Así que yo digo que dejen todas sus casas arder, y déjenlos congelarse y morir en el frío del invierno a su tiempo. Dejen que sus cuerpos se retuerzan de dolor a medida que el veneno toma lo suyo. Dejen a su sangre brotar para nutrir el suelo estéril y dejen que su miedo sea nuestro único intoxicante mientras avanzamos en la travesía para sobrevivir en la ciudad. Déjennos reír, amigos míos. Déjennos regocijaros, dejennos danzar sobre sangre y reír.

Alguien me mira, sonríe educandamente, pero mirarlos a los ojos traicionaría mi deseo de acabar con sus insignificantes vidas ahora mismo. giro mi cara hacia otro lado. Mi mirada odiosa anda vagando, mis criminales salvajes pasiones me llevan hacia adelante, siempre de cacería, preparándome para el siguiente ataque, buscando el siguiente objetivo, la siguiente víctima, atento a cualquier aspirante a héroe. Mientras que robo lo que necesito del supermercado, siento el peso de la cuchilla en mi bolsillo, mis dedos juegan a lo largo de su vicioso borde. Pienso en incrustar el largo del metal ennegrecido en el cuello del guardia de seguridad o algún cajero, anhelando por el destello de temor en sus ojos y el sonido de sus patéticos llantos pidiendo piedad. En su lugar sonrío educadamente y sigo con mi camino. “Que tenga un buen día”.

 


 

Aquí, en las prisiones abiertas del basurero de la modernidad, en los cementerios urbanos poblados por los muertos vivientes, he llegado a conocer solo el odio y la desesperación. Hace un túnel hacia mi interior, espumeantes en mi boca se convierten en un vil y venenoso escupitajo a la cara de toda la Humanidad.

Aquí en la ciudad, autos, colectivos y trenes andan todos acelerando, llenando el aire de smog y ruido. Yo asimilo este entorno sombrío. A lo largo del cielo, torres de telefonía y de cableado de alta tensión  se alzan erguidas hacia el cielo gris, vomitando mi asma y toxicidad que no se pueden ver, de forma incesante, y mis ojos se posan sobre sus formas vulgares. el ruido ensordecedor del mundo de las máquinas se desvanece momentáneamente y yo me mantengo allí en abismal silencio. Contemplo rutas de escape, la cantidad mínima de materiales requeridas para el ataque, etc, etc, y sigo mi camino.

Esta noche, el peso del artefacto explosivo-incendiario en mi mochila me recuerda lo que vine a hacer aquí, mi corazón late más fuerte con cada paso presuroso, respiro profundo y observo por debajo de mi capucha los dientes de león y plántagos que emergen desde las baldosas de cemento partidas. Pienso en la serenidad de los bosques, la soledad de las monatañas, tranquilizándome una vez más mientras avanzo hacia mi objetivo.

Como anhelo la sensación del pasto y la tierra bajo mis pies, la sensación del frío y el viento en mi cabello y el fragante sentir de las corrientes de montaña llenando mis pulmones. Quiero oír los cantos de las aves y el despliegue de las hojas en primavera, para yacer ante el brillo sanador de la luna con mis acompañantes a mi lado, para escuchar sus voces, sus risas y danzas alrededor de las fogatas de nuestros más salvajes sueños una vez más… Pero no, esta vez, como muchas otras veces, debo ir en soledad. Te estaré esperando al otro lado.

Silenciosamente subo a los techos. Dentro de este complejo departamental duermen los híper-civilizados. ¿En qué sueñan? No lo sé. Pero esta noche despertarán dentro de una pesadilla. Encajo el artefacto entre un atado de cables y luego de un último vistazo al sofocado cielo, digo unas pocas palabras a nadie en particular, enciendo el fusible y desaparezco una vez más dentro de la cacofonía nocturna.

 



 

*Cuánta rabia en estos 2 fragmentos, y cuanta voluntad y valentía al escribir o accionar así aún sabiendo que gran parte de la movida también en su sector más radical despreciará esas palabras y sin embargo tampoco llegan a dar con la forma o las formas para que la mayoría de la población a quienes dirigen todos sus esfuerzos no afines a estos fragmentos puedan despertar de esa vida zombie que llevan contribuyendo a su misma opresión y a la de otras especies animales y hasta al mismo planeta del cual dicen tanto amar y le envenenan a diario con sus actos*